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La OTAN celebra su 75º cumpleaños con la guerra de Ucrania de fondo y la alerta ante un posible regreso de Trump

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La OTAN celebró este jueves sus tres cuartos de siglo con una tarta de sabor agridulce. Por un lado, la Alianza Atlántica llega a sus 75 años «más fuerte, grande y unida» que nunca. Pero por el otro, las demoras y titubeos de entrega de material militar a Ucrania están dejando una situación muy complicada sobre el terreno. Y Rusia lo está aprovechando. La ceremonia de conmemoración en Bruselas contó con los 32 ministros de Exteriores aliados y un invitado estrella, su homólogo ucraniano Dmytro Kuleba. «No quiero ahogar la fiesta de cumpleaños, pero mi mensaje aquí hoy es claro: Patriots«, apuntó a su llegada.

Los países de la Alianza Atlántica representan el 99% de todas las donaciones de armamento que las filas que dirige Volodimir Zelenksi han recibido desde la invasión rusa, hace dos años y dos meses. Sin embargo, en los cuarteles generales reconocen que no es suficiente y que hay que hacer más. «La situación en el campo de batalla es difícil y Rusia está ejerciendo mucha presión en la línea del frente. Está movilizando más tropas y está dispuesta a sacrificar personal y material por más victorias», ha afirmado Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza, en rueda de prensa. El ex primer ministro noruego anticipó que, llegados a este punto, sólo existen dos escenarios: movilizar ayuda de forma «urgente» para que los soldados ucranianos recuperen territorio o dejar que Rusia avance provocando una situación de difícil salida.

En los últimos días, Alemania ha aprobado un paquete de ayuda militar a Ucrania por valor de cerca de 600 millones de euros. El Reino Unido ha comprometido 10.000 drones y Finlandia una batería de entrega de armas cuantificada en 188 millones de euros. Pero la munición continúa llegando a cuentagotas, los primeros cazas de combate F-16 no estarán operativos hasta finales de año, Alemania se sigue negando a entregar los misiles crucero aire-tierra Taurus y Kiev suplica por misiles de defensa aéreas como los Patriots, únicos a la hora de interceptar misiles balísticos. «Salvar las vidas, las ciudades y la economía ucrania depende de los Patriots y de los sistemas de defensa antimisiles. Depende de los aliados, tienen un montón», afeó Kuleba desde la sede de la OTAN.

En sus 75 años desde el nacimiento del Tratado de Washington, la OTAN ha vivido cuatro momentos clave: 1994 en la que fue su primera intervención en una guerra, en Bosnia. 2001, cuando activó por primera vez la cláusula de defensa colectiva, el sacrosanto Artículo 5. La retirada de Afganistán en 2021, tras su mayor y más caro despliegue militar. Y la saga que comenzó en 2014 en Crimea e implosionó ocho años después con la guerra abierta de Rusia en Ucrania. Este acontecimiento ha provocado que las fronteras aliadas con Rusia se dupliquen, el gasto militar de Occidente se multiplique y los batallones de soldados aliados se incrementen en el flanco oriental.

Con este escenario de fondo, Stoltenberg ha laureado que «la OTAN sea hoy más grande, más fuerte y está más unida que nunca». Pero en los países bálticos, en los vecinos de Rusia, apenas ven motivo de celebración. «Las buenas historias no ganan guerras. Sin entregas significativas de armas y garantías de seguridad reales, la gloriosa narrativa de unidad y solidaridad con Ucrania se debilitará y se irá acercando rápidamente al cinismo», ha afirmado el ministro de Exteriores lituano Gabrielius Landsbergis.

La doble jornada de cumbre ministerial de esta semana ha servido para sentar las bases de la gran cumbre que acogerá a los 32 líderes aliados el próximo mes de julio, a cuatro meses de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. La presión es máxima. El regreso del impredecible Donald Trump a la Casa Blanca amenaza con traducirse en un receso de la cohesión lograda hasta la fecha y en una frenada en seco de las ayudas a Ucrania.

Por ello, uno de los mensajes velados de la cita tenía como destino el otro lado del Atlántico. «Europa necesita a Estados Unidos para su seguridad. Y Estados Unidos necesita a Europa (…) No creo en un EEUU solo. Ni en una Europa sola. Creo en ambos juntos. Y en la OTAN porque así somos más fuertes y estamos más unidos», ha afirmado el secretario general.

La cita de Washington será una prueba de fuego para la unidad euroatlántica y para su apoyo a Ucrania. Los 32 están llamados a poner una cifra, una estructura y un calendario al reciente fondo de 100.000 millones de euros propuesto por Stoltenberg. Aunque la iniciativa ha tenido una buena acogida en la mayoría de capitales, el diablo está en los detalles. Países como Hungría la ven como un paso más hacia la guerra; España no quiere que se solape con lo que ya está haciendo la UE, y EEUU saca pecho y defiende el grupo de contacto de ayuda a Ucrania -conocido como Ramstein- del que es líder y el cual podría quedar absorbido por esta bazuca. Tampoco está a la vista una invitación formal para que Ucrania se convierta en el país aliado número 33.

 

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