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Emmanuel Macron dijo que «sentí la rabia de los franceses», pero justificó la reforma de las jubilaciones

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En medio de una crisis política y social en Francia, con cólera y decepción ante la promulgación de la reforma jubilatoria sin ser votada parlamentariamente, el presidente Emmanuel Macron habló finalmente el lunes al país, a la hora de la cena.

Frente a la “cólera”, el jefe de Estado propuso “un pacto de la vida del trabajo” para calmar tanta bronca y sobre todo, poder finalizar los cuatro años que le quedan en el poder.

Macron comenzó su intervención refiriéndose a la reforma de las pensiones, “aprobada de conformidad con la Constitución”. “Estos cambios eran necesarios para garantizar la jubilación de todos. Nuestra respuesta no podía ser bajar las pensiones, o no hacer nada. De lo contrario, fue nuestra deuda la que aumentó para las generaciones futuras. Es un esfuerzo, es verdad”, reconoció el presidente.

“¿Se aceptó esta reforma? Obviamente no. A pesar de meses de consulta, no se pudo encontrar un consenso” admitió. “Era ira lo que se expresaba, un deseo de encontrar un sentido», dijo el presidente, en traje azul y camisa blanca, desde el palacio del Eliseo.

«Sentí la rabia de los franceses. Sentí en las manifestaciones una oposición a la reforma», afirmó el presidente.

Protestas en París durante el discurso del presidente Emmanuel Macron. Foto AFP

«Tres canteras»

Macron presentó su «cantera de trabajo», el primero de sus «tres grandes proyectos» para su quinquenato.

“Nuestra respuesta no puede ser ni inmovilismo ni extremismo. No queremos depender de nadie. Hay tres ejes principales: el lugar de trabajo. Tenemos resultados sin precedentes e indiscutibles. Este es el fruto de las transformaciones de los últimos años. El trabajo debe pagar aún mejor. Deben llevarse a cabo una serie de negociaciones. Mejor distribución de la riqueza, búsqueda de soluciones al desgaste profesional, aumento del empleo de personas mayores. Este nuevo pacto de vida laboral debe encontrarse en las próximas semanas», prometió el presidente, a quien el 70 por ciento de los franceses no le tiene confianza.

“El tercer eje es el del progreso. La educación nacional debe reconectarse con su ambición de estar entre las mejores de Europa. Nuestro sistema de salud también será profundamente reconstruido. Para fines del próximo año tendremos que descongestionar nuestros servicios de emergencia. Debemos encontrar soluciones concretas para mejorar la vida diaria», explicó.

Cacerolazos contra el discurso de Macron en París. Foto AFP

Tras un paralelo con la reconstrucción de Notre-Dame, que finalizará su reconstrucción en 5 años, Macron cree que debe «ser lo mismo para las grandes obras de construcción de la nación».

“Necesitamos menos leyes, más meritocracia. Es este impulso nacional en el que creo. Estas tres áreas prioritarias constituyen la hoja de ruta de nuestro gobierno. Estos tres proyectos deberían unirnos. El próximo 14 de julio debería permitirnos hacer balance. Tenemos 100 días de paz por delante», dijo.

Hasta el viernes era la reforma de las jubilaciones. Hoy la crisis en Francia es él. El presidente Emmanuel Macron, su incapacidad de escuchar, su desprecio, su arrogancia, la promulgación de la reforma a las 3 y 28 de la mañana cuando todos lo pedían no hacerlo y apaciguar para que esta Francia encendida y furiosa se apacigüe.

No hay una persona que acepte sus actitudes despectivas. Aun entre sus filas creen que las cosas “se podrían haber hecho de otra forma”.

Quiso hablar del futuro, de sus nuevos proyectos, luego de no recibir nunca a los sindicalistas durante las negociaciones de la reforma y ahora ellos se niegan a encontrarlo mañana. La fractura está instalada y es peligrosa como nunca porque son los extremos los que están enfrentados en Francia: la ultraderecha de Marine Le Pen y la ultraizquierda de Jean Luc Mélenchon.

Pero los franceses, que lo votaron en “un voto útil” en el ballotage para que no ganara Marine Le Pen apenas dos años atrás, buscan explicaciones. Están convencidos que esta reforma que ha promulgado provocativamente no está terminada. Lo demostrarán con una marcha nunca vista el 1 de mayo, que reunirá a un país con bronca y absoluta decepción, cuando a Macron le faltan aun 4 años de mandato sin mayoría parlamentaria.

Reacciones

La primera reacción fue inusual: un cacerolazo delante de la alcaldía de Pantin. Un concierto que se repetirá mañana.

Laurent Lauger, el líder de la CFDT, la principal central obrera en Francia, deploró “una especie de vacío” en el discurso de Macron. Para él esto simboliza “un desprecio a los trabajadores”. Que el jefe de Estado lamente la ausencia de consenso “no cambia gran cosa” dijo.

Eric Ciotto, líder de los conservadores Republicanos, describió el discurso como un “catálogo de deseos piadosos”. ”Nada de nuevo, nada de concreto. El método manifiestamente no ha cambiado con objetivos loables pero sin el menor cuestionamiento”, dijo.

Marine Le Pen, que lidera Reagrupamiento Nacional y se beneficia con esta crisis, dijo que habría podido reiniciar los lazos con los franceses pero “ha elegido de nuevo darles la espalda e ignorar sus sufrimientos”. ”Esta práctica desconectada, solitaria y obtusa de poder anuncia la continuidad de un quinquenato de desprecio, de indiferencia, de brutalidad del que habrá que salir por las urnas”, escribió en Twiter.

El líder de Nupes, Jean Luc Mélenchon, denunció un discurso de Macron “fuera de la realidad”. ”El asume el robo de dos años de libertades. Las cacerolas suenan más justas”, dijo. Attac fue quien reivindicó el cacerolazo. Según ellos, hubo 300 en toda Francia para boicotear el discurso de Macron y continuarán.

Para Véronique Reille-Saoult, especialista en opinión, Macron tuvo todo el interés en explicar a los franceses que es «consciente de la realidad» y en «proponer algo».

«Hacer un balance» y «ver lo que ha progresado a continuación». El tono del discurso de Macron, organizado el lunes por la noche lo da el Elíseo: cerrar el capítulo de la reforma de las pensiones, tras tres meses de disputa y seguir adelante.

La reforma de las pensiones ya no es el único tema que cristaliza opinión. El empleo de los mayores, la inflación o incluso la educación preocupan a los franceses .

«Al principio era una tensión sobre el tema de las pensiones. Hoy es otra cosa», confirma Véronique Reille-Saoult.

Los manifestantes amenazan con interrumpir los Juegos Olímpicos de París el próximo año, después de que se aprobaran las reformas de pensiones profundamente impopulares del presidente Macron, a pesar de meses de huelgas y manifestaciones.

Macron espera que la ira por el aumento de la edad de jubilación de 62 a 64 años disminuya, a medida que los franceses lo aceptan a regañadientes.

Sin embargo, los activistas están decididos a sabotear los Juegos Olímpicos, que se realizarán el próximo verano. Están convocando a manifestaciones y huelgas inmediatas para obstaculizar la construcción de la Villa Olímpica en el norte de París, utilizando el hashtag de las redes sociales #PasDeRetraitPasDeJO («No Derogar No Juegos»).

También están instando a los oponentes a inscribirse como voluntarios para los Juegos, con la esperanza de que puedan causar caos si no se presentan. Algunos amenazan con realizar protestas para interrumpir el Abierto de tenis de Francia, que comienza el próximo mes, la carrera ciclista del Tour de Francia en julio y la Copa Mundial de Rugby en septiembre y octubre.Francia sigue furiosa.

PB

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